“¿Qué hay más español que comer paella un domingo?” Eso fue
lo que pensé cuando David, compañero de trabajo y amigo nos propuso que nos
acercáramos a su casa para comer paella el día 16. Aceptamos sin dudarlo un
instante, que a nosotras nos encanta la paella, claro que sí. Y si a eso le
sumas que nos pasamos nuestros días libres un poquito encerradas porque no
conocemos a mucha gente aquí, pues con más razón.
El caso es que llegamos a su casa a eso de las dos y media
(Andrea Sánchez y Macarena Domínguez, también conocidas como impuntualidad) con
unas gambas congeladas compradas en Iceland, una bolsa de doritos, coca cola, y
jamón (jamón del bueno, ¿eh? Del de allí, no os creáis). El plan era hacer una
paella entre todos, para empezar a comer a eso de las cuatro y seguir así con
las tradiciones culturales españolas.
La materia prima era regular: gambas cocidas congeladas, un
poco de pollo, cebolla, pimiento, tomate frito, vino, arroz y azafrán que David
se encargó de comprar en un paki (es
así como se conocen popularmente las tiendas que regentan los muchos
paquistaníes que viven en Londres. Sería algo así como el equivalente a
nuestras tiendas de los chinos). La preparación de la paella transcurrió con
opiniones de distintas clases, porque ya se sabe que no hay dos paellas
iguales, así que la cocina se llenó de “eso
es mucho líquido”, “tres vasos de
arroz es mucho”, “no eches tanto
tomate” y un largo etcétera.
Centrándonos en lo que importa de verdad, el resultado podía
haber sido mejor, pero para lo que teníamos, oye, como se dice en España, que
nos quiten lo bailao. Nosotros al
menos lo pasamos lo suficientemente bien como para haber dicho que hay que
repetir este tipo de tardes, y si es con jamón y pan de verdad, del bueno,
mucho mejor (qué rico el paaaan del Lidl).
Del resto del día poco puedo decir, mas que transcurrió en
una cocina de Neasden, comiendo bombones de praliné, cantando Let it go y viendo una infinidad de
monólogos de El club de la comedia.
Mientras tanto, y para romper con las tradiciones españolas y poner una un poco
más de la isla, en la calle llovía a mares. Pero bueno, ¿a quién le sorprende?
Por mucho jamón, mucha paella y mucho comer a las cuatro, es imposible olvidar
que esto es Londres... y no sólo lo sabemos por la lluvia; también por las
personas que están en Madrid, con las que nos encantaría compartir una de estas
tardes. Mientras tanto, intentaremos disfrutar hasta cuando caiga el diluvio
universal.
Muy buenas noches a todos desde la capital británica, y
gracias por leerme ♥.
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