lunes, 17 de noviembre de 2014

spanish Sunday.

“¿Qué hay más español que comer paella un domingo?” Eso fue lo que pensé cuando David, compañero de trabajo y amigo nos propuso que nos acercáramos a su casa para comer paella el día 16. Aceptamos sin dudarlo un instante, que a nosotras nos encanta la paella, claro que sí. Y si a eso le sumas que nos pasamos nuestros días libres un poquito encerradas porque no conocemos a mucha gente aquí, pues con más razón.

El caso es que llegamos a su casa a eso de las dos y media (Andrea Sánchez y Macarena Domínguez, también conocidas como impuntualidad) con unas gambas congeladas compradas en Iceland, una bolsa de doritos, coca cola, y jamón (jamón del bueno, ¿eh? Del de allí, no os creáis). El plan era hacer una paella entre todos, para empezar a comer a eso de las cuatro y seguir así con las tradiciones culturales españolas.
La materia prima era regular: gambas cocidas congeladas, un poco de pollo, cebolla, pimiento, tomate frito, vino, arroz y azafrán que David se encargó de comprar en un paki (es así como se conocen popularmente las tiendas que regentan los muchos paquistaníes que viven en Londres. Sería algo así como el equivalente a nuestras tiendas de los chinos). La preparación de la paella transcurrió con opiniones de distintas clases, porque ya se sabe que no hay dos paellas iguales, así que la cocina se llenó de “eso es mucho líquido”, “tres vasos de arroz es mucho”, “no eches tanto tomate” y un largo etcétera.
Centrándonos en lo que importa de verdad, el resultado podía haber sido mejor, pero para lo que teníamos, oye, como se dice en España, que nos quiten lo bailao. Nosotros al menos lo pasamos lo suficientemente bien como para haber dicho que hay que repetir este tipo de tardes, y si es con jamón y pan de verdad, del bueno, mucho mejor (qué rico el paaaan del Lidl).

Del resto del día poco puedo decir, mas que transcurrió en una cocina de Neasden, comiendo bombones de praliné, cantando Let it go y viendo una infinidad de monólogos de El club de la comedia. Mientras tanto, y para romper con las tradiciones españolas y poner una un poco más de la isla, en la calle llovía a mares. Pero bueno, ¿a quién le sorprende? Por mucho jamón, mucha paella y mucho comer a las cuatro, es imposible olvidar que esto es Londres... y no sólo lo sabemos por la lluvia; también por las personas que están en Madrid, con las que nos encantaría compartir una de estas tardes. Mientras tanto, intentaremos disfrutar hasta cuando caiga el diluvio universal.

Muy buenas noches a todos desde la capital británica, y gracias por leerme ♥.

miércoles, 12 de noviembre de 2014

this is London.

Aunque lleve poco tiempo aquí, hay unas cuantas cosillas que me han llamado bastante la atención y que quería compartir ahora que no me ha pasado nada en concreto que sea relevante y que pueda contar, así que espero que lo disfrutéis.

Lo primero es que nunca pides perdón ni dices gracias suficientes veces en un día. Sí, lo sé, es el topicazo del siglo, pero es muy, muy cierto. Es un hecho: tú vas al supermercado, alguien pasa por tu lado sin rozarte ni un poquito, pero se disculpa, porque claro, es muy inglés, y podrá ser muy borde y desagradable, pero, ¿maleducado? Nunca. Un día pienso contar la cantidad de veces que me dicen sorry desde que salgo de casa hasta que vuelvo, que serán más de cincuenta sin duda alguna.

Después está el hecho de que tú vas a hacer la compra (posiblemente en uno de los cuatro millones de Sainsbury’s que haya por tu barrio), coges tu comida y cuando vas a pagar te encuentras con que los típicos cajeros que hay en España son mínimos: eso está lleno de cajeros automáticos, como los de la Fnac, pero con la diferencia de que los de aquí sólo es capaz de entenderlos y utilizarlos bien el inglés simpático que los inventó. El primer día que utilicé uno de esos, tuvo que venir tres veces a ayudarme un hombrecito que trabajaba en el supermercado, y aunque ahora ya los controlo un poco más, a veces tengo que pedir ayuda porque se estropean muy frecuentemente. Por lo tanto, lo que supongo que para Sainsbury’s debería ser un ahorro en gente que esté en la caja cobrando, acaba suponiendo un gasto en un técnico que esté arreglando las maquinitas cada dos por tres. Desde aquí lanzo un mensaje: señores de  Sainsbury’s, no sean tacaños. Inviertan en gente que te alegre el día con un “thanks a lot” o con un “have a lovely day”.

El tráfico es otro factor a destacar. Para alguien que ha nacido en Madrid y que ha ido al centro millones de veces en hora punta, no debería ser muy desesperante el hecho de que el tráfico sea excesivo. Pues bien, lo es. Me desespera hasta tal punto que a veces me he bajado del autobús y he ido andando (si no quedaba demasiado para llegar, claro está). Porque sí, es más rápido ir andando que ir en autobús si hay mucho atasco. Uno de los días que tuve que ir al training para el trabajo, avisé a Andrea de que iba para casa pero que no tenía batería, para que no se preocupara. Bueno, pues cuando llegué casi me mata porque habían pasado tres horas desde que le avisé de que volvía. El autobús se había parado en Oxford Street y no se había movido ni un centímetro en una hora y media. Y bueno, teniendo en cuenta que el trayecto de ida (Willesden Green – Waterloo Station) lo había hecho en menos de una hora, podéis imaginaros lo desesperante que fue tener que estar ahí parada durante tanto tiempo.

Otra de las cosas a destacar es que da igual que tengas un diez de media en inglés o el maldito first certificate: el primer día no sabes ni pedir un vaso de agua. Es totalmente cierto. El inglés que aprendemos en España no es nada comparado con lo que oyes día a día en un país de lengua anglosajona, a no ser que durante la mayor parte de tus años de instituto hayas tenido un profesor nativo o algo similar. Mucha gente dice que hasta que no tienes que comunicarte en otra lengua la mayor parte del tiempo, no terminas de aprenderla, y yo lo creo cien por cien ahora mismo. Nosotras, por ejemplo, estuvimos durmiendo en casa de un amigo los cuatro primeros días, y el agotamiento mental era tan grande que no queríamos ni salir de la habitación por si nos encontrábamos con alguno de sus compañeros y teníamos que entablar una conversación en la que posiblemente no nos habríamos entendido los unos a los otros, más por miedo y vergüenza que por no entender o sabernos expresar en inglés. Es exactamente ese el problema: nos da tanto miedo enfrentarnos a una situación difícil en otro idioma que terminamos por cerrarnos completamente y evitarlo.

Y bueno, por si lo anterior hace muy difíciles las cosas, también he aprendido que Picadilly Circus se convierte un sábado por la noche en Malasaña, Huertas, Argüelles o cualquier otro barrio de Madrid. Nunca me imaginé que podría escuchar a tantísima gente aquí hablando mi propio idioma. De hecho, creo que la primera noche que fui al centro escuché a más gente hablando en español que en inglés, sin exagerar, y es que la cantidad de hispanohablantes en esta ciudad es inmensa; mucho mayor de lo que podáis imaginar con esto que estoy contando.

Poniéndome seria, he aprendido que en las casas de Londres hay arañas increíblemente grandes, y los audios que les he mandado a mis amigos a las dos de la madrugada diciendo que había encontrado una enorme en la encimera de la cocina lo demuestran. Puede parecer broma, pero de verdad os digo que cuando me voy a dormir lo paso mal por si hay alguna por la habitación (que también las he visto, sí) y no me dado cuenta de su presencia. No sé con qué alimentan estos ingleses a sus arañas, pero por favor, que dejen de hacerlo cuanto antes.

Finalmente, y aunque podría enrollarme incluyendo millones de cosas más (como que el alquiler es más caro que la vida, como que el salario mínimo para menores de 21 años es una broma, que el metro es para ricos, que la comida de este país está sosa y que no voy a ganar para sal...), prefiero contar que Londres no es más que una puerta al mundo entero. Nunca he visto un lugar con tantísimas culturas diferentes, desde la gran cantidad de polacos que he conocido tanto en el trabajo como cuando he salido como los muchísimos locales de distintos países que te puedes encontrar paseando por la ciudad (destaco aquí los restaurantes en los que se ofrece comida árabe en Edgware Road, que son miles). Lo mejor de esta mezcla de gentes es sin duda lo muchísimo que puedes aprender de otros lugares sin salir de la ciudad, así como que todos ellos te comprenden, pues ya han vivido lo que es viajar a Londres solos, sin seguro ni nadie que les ayude, simplemente buscando una oportunidad.

Londres sorprende cada día y a cada hora, y no se puede perder la oportunidad de aprender algo nuevo en un sitio así, por lo que lo mejor será seguir con ello, seguir intentándolo y, cuando llegue el momento de volver a casa, tener la cabeza repleta de ideas y, por supuesto, la mente muy abierta para poder seguir aprendiendo allá donde vaya.

Muy buenas noches a todos desde la capital británica, y gracias por leerme ♥.

martes, 11 de noviembre de 2014

the start.

Me llamo Macarena (Mac para los amigos y para algunos habitantes de las islas británicas, a los que mi nombre les resulta imposible pronunciar), tengo 19 años y vivo en el país del té de las cinco, del sorry, del thank you, de la comida sosa, del desayuno con alubias y huevo. Vivo en el país de los Beatles y los Rolling, en el país del God save the Queen. Vivo en Willesden Green, un barrio londinense situado al noroeste de la ciudad. Y por supuesto (y aunque todos lo sepáis de sobra), vivo con Andrea, compañera de habitación, amiga y único miembro de mi Ohana en la capital inglesa.


Mis aventuras por este país empezaron hace poco más de un mes, pero llevaban ya en mi mente desde mayo, cuando terminé 2º de bachillerato, con la sorpresa de que aún quedaba una asignatura por recuperar. Ante esta situación, y sabiendo de antemano que en septiembre, cuando terminara selectividad, iba a ser imposible entrar en la carrera que quería, hablé con Andrea, que ya tenía más que decidido venir, y juntas planeamos cómo hacerlo todo (con bastante ayuda de David, todo sea dicho).

Tengo que decir que el motivo que me lleva a abrir este blog es, principalmente, lo vaga que soy. Yo, pobre ilusa, me había comprado un cuaderno monísimo en el que iba a escribir todo aquello que ocurría en mi día a día. Sin embargo, un mes después, abro el cuadernito y ¡sorpresa! Sólo escribí una página. Una triste página (y no sólo es una forma de hablar, es que la página es de uno de esos primeros días en los que te sientes más desubicada y sola que otra cosa y la paginita es triste con ganas). Y bueno, qué mejor que un blog en el que pueda compartir todo lo que me sucede con todo el mundo y recordar después todo lo que viví en esos días en los que el mundo se ve en una escala de grises porque ni mamá, ni papá, ni todos los que siempre están ahí pueden venir a echarte una mano. Y darme cuenta de que sola lo conseguí; que solas lo conseguimos, porque eh, no hay quien pueda con nosotras.

Así que si os apetece, quedaros a leer las tonterías que se me ocurren, a ver las fotos de esta increíble ciudad, a comentar todo lo que penséis (las críticas se aceptan siempre que sean con educación, je), y a saber cómo es la vida de una chica (¿casi?) adulta que vive sola por primerísima vez en un lugar con un lenguaje y unas costumbres completamente distintas a las suyas.

Muy buenas noches a todos desde la capital británica, y gracias por leerme ♥.