Aunque lleve
poco tiempo aquí, hay unas cuantas cosillas que me han llamado bastante la
atención y que quería compartir ahora que no me ha pasado nada en concreto que
sea relevante y que pueda contar, así que espero que lo disfrutéis.
Lo primero
es que nunca pides perdón ni dices gracias suficientes veces en un día. Sí, lo
sé, es el topicazo del siglo, pero es muy, muy cierto. Es un hecho: tú vas al
supermercado, alguien pasa por tu lado sin rozarte ni un poquito, pero se
disculpa, porque claro, es muy inglés, y podrá ser muy borde y desagradable,
pero, ¿maleducado? Nunca. Un día pienso contar la cantidad de veces que me
dicen sorry desde que salgo de casa
hasta que vuelvo, que serán más de cincuenta sin duda alguna.
Después está
el hecho de que tú vas a hacer la compra (posiblemente en uno de los cuatro
millones de Sainsbury’s que haya por tu barrio), coges tu comida y cuando vas a
pagar te encuentras con que los típicos cajeros que hay en España son mínimos:
eso está lleno de cajeros automáticos, como los de la Fnac, pero con la
diferencia de que los de aquí sólo es capaz de entenderlos y utilizarlos bien
el inglés simpático que los inventó. El primer día que utilicé uno de esos,
tuvo que venir tres veces a ayudarme un hombrecito que trabajaba en el
supermercado, y aunque ahora ya los controlo un poco más, a veces tengo que
pedir ayuda porque se estropean muy frecuentemente. Por lo tanto, lo que supongo
que para Sainsbury’s debería ser un ahorro en gente que esté en la caja
cobrando, acaba suponiendo un gasto en un técnico que esté arreglando las
maquinitas cada dos por tres. Desde aquí lanzo un mensaje: señores de Sainsbury’s, no sean tacaños. Inviertan en
gente que te alegre el día con un “thanks
a lot” o con un “have a lovely day”.
El tráfico
es otro factor a destacar. Para alguien que ha nacido en Madrid y que ha ido al
centro millones de veces en hora punta, no debería ser muy desesperante el
hecho de que el tráfico sea excesivo. Pues bien, lo es. Me desespera hasta tal
punto que a veces me he bajado del autobús y he ido andando (si no quedaba
demasiado para llegar, claro está). Porque sí, es más rápido ir andando que ir
en autobús si hay mucho atasco. Uno de los días que tuve que ir al training para el trabajo, avisé a Andrea
de que iba para casa pero que no tenía batería, para que no se preocupara.
Bueno, pues cuando llegué casi me mata porque habían pasado tres horas desde
que le avisé de que volvía. El autobús se había parado en Oxford Street y no se
había movido ni un centímetro en una hora y media. Y bueno, teniendo en cuenta
que el trayecto de ida (Willesden Green – Waterloo Station) lo había hecho en
menos de una hora, podéis imaginaros lo desesperante que fue tener que estar
ahí parada durante tanto tiempo.
Otra de las
cosas a destacar es que da igual que tengas un diez de media en inglés o el
maldito first certificate: el primer
día no sabes ni pedir un vaso de agua. Es totalmente cierto. El inglés que
aprendemos en España no es nada comparado con lo que oyes día a día en un país
de lengua anglosajona, a no ser que durante la mayor parte de tus años de
instituto hayas tenido un profesor nativo o algo similar. Mucha gente dice que
hasta que no tienes que comunicarte en otra lengua la mayor parte del tiempo,
no terminas de aprenderla, y yo lo creo cien por cien ahora mismo. Nosotras,
por ejemplo, estuvimos durmiendo en casa de un amigo los cuatro primeros días,
y el agotamiento mental era tan grande que no queríamos ni salir de la
habitación por si nos encontrábamos con alguno de sus compañeros y teníamos que
entablar una conversación en la que posiblemente no nos habríamos entendido los
unos a los otros, más por miedo y vergüenza que por no entender o sabernos
expresar en inglés. Es exactamente ese el problema: nos da tanto miedo
enfrentarnos a una situación difícil en otro idioma que terminamos por
cerrarnos completamente y evitarlo.
Y bueno, por
si lo anterior hace muy difíciles las cosas, también he aprendido que Picadilly
Circus se convierte un sábado por la noche en Malasaña, Huertas, Argüelles o
cualquier otro barrio de Madrid. Nunca me imaginé que podría escuchar a
tantísima gente aquí hablando mi propio idioma. De hecho, creo que la primera
noche que fui al centro escuché a más gente hablando en español que en inglés,
sin exagerar, y es que la cantidad de hispanohablantes en esta ciudad es
inmensa; mucho mayor de lo que podáis imaginar con esto que estoy contando.
Poniéndome
seria, he aprendido que en las casas de Londres hay arañas increíblemente
grandes, y los audios que les he mandado a mis amigos a las dos de la madrugada
diciendo que había encontrado una enorme en la encimera de la cocina lo
demuestran. Puede parecer broma, pero de verdad os digo que cuando me voy a
dormir lo paso mal por si hay alguna por la habitación (que también las he
visto, sí) y no me dado cuenta de su presencia. No sé con qué alimentan estos
ingleses a sus arañas, pero por favor, que dejen de hacerlo cuanto antes.
Finalmente,
y aunque podría enrollarme incluyendo millones de cosas más (como que el
alquiler es más caro que la vida, como que el salario mínimo para menores de 21
años es una broma, que el metro es para ricos, que la comida de este país está
sosa y que no voy a ganar para sal...), prefiero contar que Londres no es más
que una puerta al mundo entero. Nunca he visto un lugar con tantísimas culturas
diferentes, desde la gran cantidad de polacos que he conocido tanto en el
trabajo como cuando he salido como los muchísimos locales de distintos países
que te puedes encontrar paseando por la ciudad (destaco aquí los restaurantes
en los que se ofrece comida árabe en Edgware Road, que son miles). Lo mejor de
esta mezcla de gentes es sin duda lo muchísimo que puedes aprender de otros
lugares sin salir de la ciudad, así como que todos ellos te comprenden, pues ya
han vivido lo que es viajar a Londres solos, sin seguro ni nadie que les ayude,
simplemente buscando una oportunidad.
Londres
sorprende cada día y a cada hora, y no se puede perder la oportunidad de
aprender algo nuevo en un sitio así, por lo que lo mejor será seguir con ello,
seguir intentándolo y, cuando llegue el momento de volver a casa, tener la
cabeza repleta de ideas y, por supuesto, la mente muy abierta para poder seguir
aprendiendo allá donde vaya.
Muy
buenas noches a todos desde la capital británica, y gracias por leerme ♥.